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La Virgen de Vico
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La leyenda de la Virgen de Vico se remonta en la tradición oral de Arnedo hasta la época de la convivencia entre cristianos y musulmanes. De entre las cronicas más floridas reflejadas más tarde por escrito tenemos una versión del Padre Lorenzo Carrillo que data de 1861 de la que extractamos libremente la historia de la aparición de la virgen:
"Gozaba la ciudad de Arnedo de su libertad cristiana, permaneciendo en ella algunos moros que cultivaban sus tierras. Había entre ellos uno muy rico y poderoso donde hoy se halla el convento, poseía mucha hacienda y de criados que vivian en una pequeña población o Vico por lo que lo llamaban el Kan de Vico. Había en esas tierras una imagen de Nuestra Señora oculta y que el cielo tenía escogida para, gracioso el sol de esa esfera, que hiciese su aparición ante los ojos del no creyente. Éste no era tan escaso de entendimiento que no conciera la dignidad de la Madre de Dios, ni sus virtudes morales. Subia cierto día la cuesta del rio, previniendo María Santisima su alma con suaves bendiciones de dulzura para rendirla. Cuando de repente apareció un resplandor celestial, que hirió sus ojos con lo luminoso de sus rayos y abrasó su corazón co la activo de sus incendios. Levanto el moro, no sin temor, la vista para investigar la causa y vió la sagrada Imagen de María Santisíma, sobre un romero, como en trono colocada toda de luces como Sol vestida, teniendo a su divino Hijo Jesús en la mano siniestra.
Con visión tan grande y maravillosa, quedó absorto y confuso, mas como la luz de que estaba rodeada era luminaria del cielo, sentia en su alma afectos tan soberanos y celestiales, que a sus influjos fluian peremnes lagrimas sus ojos, respiraban ardientes sus suspiros y era ya en su corazon todo varón de deseos. Condescedió a sus piadosos anhelos la Madre de Dios y usando su maternal clemencia, atempero la refulgencia de sus rayos. Recobroso el moro, y con tan misericordioso aliento se acerco a la Imagen Soberana. Vió y registro la marvilla como aquella zarza ardia y no se quemaba, y reconociendo el prodigio por ilustración divina en aquel punto abrazó la fé católica, adoró y veneró humildemente a su Señora y Reina, consagrandose en dulce memoria a su obsequio y servicio.
Mas tarde fabricose a sus espensas una decente devota ermita en cuyo centro colocó la Imagen Santa de su Reina.
No faltaron ermitaños que cuidaran la imagen hasta la fundacion del convento por la orden de San Francisco en 1450. |
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